viernes, julio 08, 2005

360

Londres, 5 de Julio de 2005
El hombre que esperaba en el taxi tenia unos cincuenta años a lo sumo, aunque parecia saludable y en forma para su edad. Ojos luminosos, de un color indeterminado; pelo rubio, peinado hacia atrás. Un saco gris, que parecia desentonar con los movientos de su cuerpo. Voz elegante, cautivadora, británica.
-Bienvenido a Inglaterra, Señor Niemans. Como le habrán indicado, soy su guia en Londres– y le tendío la mano
-Encantando – Dijo Niemans, entrando al automobil.
-No estoy seguro de si no le hablado de mi. Mi nombre es John Constantine, y trabajaremos para el mismo patrón. Espero que me haya entendido, pero dijeron que usted habla ingles perfectamente. En lo que a mi respecta, mi francés apesta- El automovil, mientras tanto, se alejaba de Heathrow, rumbo al Vauxhall Cross.
-Señor Constantine, no estoy seguro de … cuales serán mis tares o obligaciones en este nuevo … trabajo.
-Relajese, señor Niemans. ¿Un cigarillo?
-No gracias. Lo he dejado.
-Yo tambien. Miles de veces. – John encendió su cigarrillo con una cerilla y la arrojó por la ventanilla. – Mire, Pierre, los detalles se lo explicará el Jefe. Por ahora, digamos que somos un grupo de caballeros (y señoritas) dedicados a solucionar algunos problemas que llevan años sin solucionarse.
-Humm… Joshep Cartaphilus fue… poco claro al respecto.
-Con todo respeto, Joshep es la clase de personas que pueden hablarte durante horas sin decirte nada. Mire, si yo le cuento todo lo que se.el patrón terminará por enojarse conmigo, y no le faltan mejores motivos, asi que prefiero que él haga las presentaciones.

No mucho tiempo despues, Pierre Niemans fue conducido por su excentrico guia por un cuidado edificio de Vauxhall Cross. Niemans sabia lo suficiente de los servicios de inteligencia británicos como para darse cuenta que este lugar era la relativamente nueva sede del MI6, tecnicamente conocida como SIS. Apenas entró sintio la extraña sensación de nuevo; a pesar de que el sitio parecia estrictamente regulado, pasaron por los puestos de control sin detenerse ni declarar nada. John apenas saludó a los guardias, que parecian no verlos en lo absoluto. Recordó que tenia un revolver en el maletín (ciertamente descargado y desarmado).
Un guardia, aparentemente mas amigable, interceptó a John.
-Hey, Johnny Boy, no te vi en Hyde Park.
-Olvidalo, Greg. Bob me odia por lo del 85. Deberia escuchar a sus mayores.
John lo condujo a una enorme sala de reuniones, decorada con un mobiliario antiguo. Pierre nunca habia sido bueno con las obras de arte, pero le dio la impresión que los cuadros que colgaban en las paredes, y los tomos en la enorme biblioteca, debian ser realmente valiosos.
-Bienvenido a Camelot, y esta que ve aqui es nuestra mesa redonda. Nuestro respetado Arturo Rey llegará en cualquier momento. De hecho, aqui esta.
Por una puerta inadvertida por Niemans, entró en la sala un hombre de unos setenta años, de pelo canoso impecablemente peinado, sonrisa penetrante y grave voz escocesa. El hombre, que miraba a la vez a Niemans con respeto y Constantine con sorna, dijo.
-Bienvenido a nuestra organización, monsier Niemans. Mi nombre es algo que aprenderá a ignorar; aquellos que trabajan conmigo me llaman simplemente M. Espero que no entienda esto como una intimidación o una amenaza.
-Simplemente, en este negocio es bueno no dar nombres – aclaró John.
-Sientese, señor Niemans. – solicitó M-
Niemans, que no habia pronunciado una palabra desde que entró a la sala, dijo:
-Perdone mi curiosidad, pero Joshep Cartaphilus menciono a un tal agente Bond… creo que se refería a usted. Espero que no le moleste.
-Oh no, claro que no, son gajes de oficio- Tranquilizó M-. Vera usted, Bond tampoco es realmente mi nombre. En esta organización, desde su fundación en 1909, exitieron 10 agentes especiales, comisionados entre los mejores de nosotros. Cada uno de ellos tenia asignado un número, (el mio era el 7), una personalidad, y un nombre, en mi caso James Bond. Desde que yo me he retire del trabajo de campo, en el 85, cuatro otros agentes han sido asignados al cargo, y por lo tanto al nombre.
-He oido que el 7 actual va a retirarse pronto –Comentó Constantine.
-Si bien mi negocio originalmente fue el espionaje, rapidamente mi especialidad se convirtió en detener a ciertas personas que trataban de realizar ciertas actividades perjudiciales para la seguridad del mundo.
-Terroristas?
-No exactamente. Verá, en este momento hay una guerra, un guerra secreta pero abierda, directa pero oculta, que recorre la faz del mundo. La Triple Guerra. Nosotros somos uno de esos bandos.