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-Como todos sabemos, la imanentización de un eschaton es el objeto primario de nuestra organización. Este proceso nos ha llevado por un largo y sinuoso camino.
Muchos de los aqui presenten conocen los secretos revelados a nosotros por Sophia.
Somos la emanación final del incognosible. Somos la creación corrupta del demiurgo. Somos los hijos imperfectos de lilith. Somos los que comimos la fruta del arbol el bien y del mal. Somos libres, y nuestra libertad es nuestro proposito.
Su nombre era Jesus el nazareno. Como nosotros, era un guerrero y un santo, un patriota, un maestro de muerte y vida. Su sangre era de los lilim, por parte de madre; de los nephilim, por parte de padre. Pues Jesus el nazareno era descendiente de Salomón, y David, y Moises, y Juda y Jacob e Isaac y Abraham y Noe y Abel y Eva, pues por lo tanto, es de aquellos que supieron comer del arbol de la Vida. Y su sangre, su sang real, era el regalo del demiurgo.
Pero ella fue, como siempre el demonio. Como el, hija de lilim y nephilim, heredera de Saul. El amor, la fuerza más poderosa en el univero, lo apartó de nosotros.
Tuvimos entonces que atacar, y aliarnos a los hilicos. Jesus se sacrificó, y con él su unico amigo, Júdas. Y la lanza del Longino brillo y la Cruz reemplazó al Pez, y la sangre se derramo.
Pero la sangre derramada fue recogida en el grial. La mujer y su hermano, Lazaro el inmortalizado, huyeron a provenza. La serpiente Yalbaoth se convirtió en Ouroboros.
Los hilicos nos traicionaron; muchos de los nuestros murieron. Sophia misma se codificó en Nag Hammadi y Qumram.
En ese momento, no existiamos pero persistimos. Escapamos a Constantino y Atanasius. Cirilo quemó nuestros libros en Alejandría; Valentino cayó, Ireneo incineró a Basilides.
Pasaron las generaciones y perdimos el camino. Atila saqueó Roma, Arturo Vortigen murió traicionado por su hijo. Carlomagno y Mahoma polarizaron el mundo. Y comenzaron las cruzadas.
Nuestros agentes habitaban el amplio mundo entonces. Algunos recidían en los balcanes; otros en la Agartha Profunda del Tibet. El reino del Preste Juan era nuestra cofradía entonces, un secreto refugio de herejes. Cuando los eventos se desencadenaron, y vimos de nuevo la oportunidad, volvimos a la vieja patria.
Los hijos del arbol y la serpiente estaban de nuevo al pie del golgota, y con ellos los sucios hilicos, la progenie de Alejandro, Beowulf y Orfeo.

