martes, junio 07, 2005

667

Ciudad de Nueva York. 1 de Septiembre de 2001
-Jack?
-¿Si?
-¿Puedo hacerte una pregunta personal?
-Adelante.
-¿Porque pediste tu transferencia?
Jack tardó unos momentos en contestar.
-¿Leíste mi expediente?
-Si, claro.
-¿Leíste mi justificación al pedido de transferencia?
-Si. Solo decía: "motivos personales".
-Uhm. Supongo que solo leíste el expediente básico.
-Mi autorización de seguridad es menor que la tuya.
-Tranquilo, Frank. No pedi el traslado porque alguien haya muerto bajo mi mando. - Sonrió Jack- Como todos los problemas de este mundo, los causó una mujer.
-¿Prefieres no hablar de esto?
-Oh, no te preocupes. Son viejas heridas. Verás.. estuve casado con una mujer a la que amaba, pero nuestra relación se fue deteriorando. Tuve una aventura con una compañera de trabajo y me separé de mi mujer. Pero realmente aun la quería, y volví con ella.
-¿Funcionó?
Jack negó con la cabeza.
-No. No ... soy un buen padre ni un buen esposo, Frank. Estoy demasiado dedicado a mi trabajo, a veces.
-Comprendo. Estamos llegando.
Ambos hombres bajaron. El lugar era un viejo deposito de mercadería, a unas cuadras de Evergreen Park, en el corazón de Staten Island. Dos patrulleros esperaban el lugar. El agente Castle se dirigió al que parecía estar a cargo.
-Buenos días. Agente Castle y Bauer, CTU-NYC.
-Buenos días. Soy el Detective Payne, NYC-PD. Esto no entra en su jurisdicción.
-Solo seguimos una pista, detective. -Explicó Bauer- Puede informarme de los hechos?
-Por supuesto. Recibimos información de que este deposito era utilizado con fines ilícitos. Particularmente, estaban usándolo como un deposito de explosivos... una buena cantidad de ellos. Suficiente para volarnos a todos en el aire. No había nadie en la zona cuando llegamos... lo que fue una verdadera suerte. Una bala perdida y todo hubiera estallado en una milla a la redonda.
-¿Que explosivo, realmente?
-ANFO, me dijeron. Una buena cantidad, y de una mezcla bien sofisticada, parecida a la de Oklahoma. Los técnicos del FBI están adentro.
-Veamos, pues.
Los tres hombres entraron en el area.
-Al parecer - continuó Payne- el local está alquilado a nombre de un Guy Fawkes.
Bauer musitó un insulto en voz baja.
-¿Lo conocen? - Preguntó Payne, sorprendido.
-Un momento, por favor, déjeme conversar con mi compañero - pidió Castle. Payne asintió y se fue.
-El maldito se las vino venir. Huyo. Tenemos que capturarlo.
-Estamos en un punto muerto ahora, Jack. Debe haber algo aqui que nos de una indicación acerca de como seguir...
-Tenemos que hablar con Chapelle. Si esto pasa a manos del FBI, la cosa se va poner complicada. -Dejemos al FBI fuera de esto. Nuestro hombre no dejó pistas en esto, después de todo. Hasta que todo se aclare, podemos ir por nuestra cuenta.
-Pero si seguimos la pista desde aquí, los feds también pueden encontrarla y van a llegar al mismo tiempo que nosotros.
-Todavía no, Jack. Nosotros sabemos adonde ir.

domingo, junio 05, 2005

47

"Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy cerca de un costado del Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras, sin que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las amazonas. Eran de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y gran fuerza. Su isla era la más fuerte de todo el mundo, con sus escarpados farallones y sus pétreas costas. Sus armas eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las bestias salvajes que ellas acostumbraban domar para montarlas, porque en toda la isla no había otro metal que el oro.”
García Ordóñez de Montalvo. Sevilla, 1510.

Los Angeles, California. 4 de Mayo de 1998
La mujer vestida de negro caminaba sin preocupación por el pasillo vacio. Las camaras de vigilancia la enfocaban, pero era inutil; no habia nadie vivo para monitorearlas. Sus botas resonaban en el piso alfombrado.
Con una sonrisa, la mujer llego a la puerta 47. Empuño su katana a la altura de la cerradura, la atravesó. Las astillas volaron.
Detrás de la puerta, Sydney Bristow estaba preparada. Un punto rojo se posó en la frente de la mujer vestida de negro.
- Alto. Identifiquese. – gritó la agente.
La mujer solo sonrió. Sydney apenas pudo verla moverse; el disparo reflejo falló totalmente. La mujer cargó contra su enemiga: la espada se clavó en el brazo derecho, desgarrando el músculo; un brutal golpe en el estómago y Sydney cayo al suelo y entonces, la katana bailó de nuevo y cayó sobre su cuello.
Solo falló por unos milímetros de cercenar la yugular. Mejor dicho, no había fallado.
La mujer sonrió. Sydney, dolorida, vio su rostro ensangrentado contraerse con una mueca de placer. Desarmada, indefensa, Sydney estaba en grandes problemas.
-Tu eres Sydney Bristow. – susurró la mujer.
-Si. Balbuceó Sydney.
-Tengo un mensaje para tu jefe. Dile a Alvin que no intente cazarnos. Sabemos lo que hacemos. Bill me pidió que no te mate; parece que conoce a una pariente tuya muy próxima...
-¿Pariente? – Dudó Sydney. ¿Qué pariente podría ser? Su padre era un agente retirado de la CIA, ciertamente, pero su madre había muerto hacia muchos años...
-No importa, pequeña. Volveremos a encontrarnos, Sydney Bristow.
La mujer se alejo, lentamente, limpiando su espada. Sydney trato de apuntar su arma y disparar, pero los tendones del brazo estaban cortados...
La mujer se detuvo en la puerta de la habitación 47. En vez de cruzar la puerta, tomó el maletín de uno de los ejecutivos muertos en la sala, y lo arrojo hacia el pasillo. Antes de caer, el maletín fue traspasado por una ráfaga silenciosa.
Usando su katana como un espejo, la mujer observo el pasillo. Reconoció el ropaje de sus enemigos, los que estaban emboscándola.
-Sección Uno. – maldijo en voz baja.
Una áspera, calmada voz de mujer se escuchó en el pasillo.
-Libera a Bristow, Black Mamba. No tienes oportunidad.
-Eso veremos, mirmidón.- Contesto Black mamba, la mujer vestida de negro.
Retrocedió, cerrando la puerta destrozada, y volvió hacia la casi desmayada Bristow.
-Parece que vas a ser mi boleto de salida, niña. La suerte no te acompaña
-¿Qué, quienes...?
-Silencio. Josephine te quiere viva. Paul le debe una a Alvin. Asi son los azules.
Delicadamente levantó a Sydney, demasiado dolorida para negarse, y la llevó a rastras, sin dejar de apuntarla con la espada. Al llegar al umbral, arrojo a Sydney al pasillo.
Durante un segundo, Josephine presiono el gatillo, hasta reconocer el rostro. Un gesto y los otros bajaron sus armas.
-Primer equipo. Acción extrema autorizada contra hostil. – comunicó Birkoff por el canal B.
Josephine cargó contra la puerta destrozada, con su armamento preparado, lista para la confrontación. Atacar frontalmente era un error táctico; una granada selectiva sería una mejor opción para despejar el camino. Mientras, dos operativos aseguraron a la victima.
La granada hizo su trabajo. Enmascarada, Josephine entró en la habitación, lista para desviar el espadazo de la hostil.
Pero en la habitación 47 ya no había nadie. Black Mamba había escapado nuevamente.